Everyone deserves a second
chance to do the right thing.
Sintiéndose algo mareado y con arena en su boca, Jonás fue recobrando el conocimiento. El sol de mediodía calentaba su piel y el viento, constante e intenso, alborotaba su pelo. Lentamente se incorporó, con dolores en las piernas y un creciente ardor en la garganta debido a sus incesantes gritos pidiendo socorro. Al instante sintió urgencia de compartir su experiencia con alguien pero la playa estaba desierta.
Sabía casi con exactitud que había permanecido encerrado en el interior de la ballena por tres días completos. En varias ocasiones había sido considerado sumamente eficaz a la hora de adivinar el tiempo sin usar reloj, cualidad con la que él mismo estaba de acuerdo. Incluso dentro del animal, había podido llevarla a cabo teniendo en cuenta las actitudes y acciones del gran pez y los momentos en los que éste se alimentaba. Si había sido ingerido el lunes 22 de abril no resultaba difícil deducir que era jueves.
Comenzó a caminar por la playa, en dirección al pueblo. Sus ansias anteriores de contar lo que le había acontecido fueron reduciéndose a cada paso que daba. El avergonzamiento se hizo cada vez más grande al punto de decidir guardarse todo para sí. Empezó a sentirse raro. Ya adentrado en las angostas calles del pueblo, raro también le pareció que, al cruzar a varias personas en el camino, ninguna de ellas se sintiera alegre de verlo luego de varios días de ausencia ni preguntara donde había estado. Le llamó la atención, al encontrar a su hermano menor camino al colegio, que su guardapolvos luciera tan blanco y radiante a sólo un día de terminar la semana. Recordó cómo su madre le imploraba al pequeño no sentarse en el suelo para prevenir manchas de tierra y cómo le ordenaba no jugar juegos bruscos para impedir arrancar la totalidad de los botones del uniforme como había sucedido ya en nueve ocasiones desde que las clases comenzaran. Jonás lo saludó y siguió su camino. El alrededor le mostraba imágenes y situaciones repetidas, ya presentes en su memoria. Las palabras salían de su boca como si las hubiera memorizado, al igual que alumno al dar una lección.
De manera similar a una película que ha sido vista varias veces, las situaciones delante de sus ojos comenzaron a tener una peculiar semejanza con un pasado muy cercano. Al igual que tres días atrás, Jonás cambió su destino y decidió emprender el camino hacia el muelle del pueblo para saludar a sus amigos pescadores y mostrarles que estaba ileso, luego de haber sido víctima de semejante ataque, ya que sólo ellos habían presenciado el exacto momento en que había sido ingerido. Al acercarse, logró visualizar dos figuras, dos hombres, con pantalones y camisa viejos, sucios con mugre relacionada al oficio, guantes y botas de goma. Decidió caminar hacia ellos lo suficiente como para escuchar la discusión que mantenían.
-¡Ya tuvimos demasiados días de descanso! ¡Tenemos trabajo atrasado! Esperaba que hoy llegaras temprano y comenzaras a realizar las tareas diarias pero lo único que haces es llegar a la hora que se te antoja y perder el tiempo dando vueltas por el muelle- dijo el primer hombre, levantando la vos y mostrando su mejor cara de insatisfacción. Completamente estupefacto, Jonás descubrió que por alguna razón conocía la respuesta que el segundo hombre estaba a punto de dar.
-Disculpe jefe, es que no tuve una buena noche. No volverá a pasar, lo prometo- contestó el otro.
-Ponte a trabajar ahora mismo, quieres- dijo el primero y se alejó de él.
Inmóvil, con las manos sudorosas y sintiendo su corazón latir al máximo, Jonás finalmente entendió lo que estaba a punto de ocurrir. Segundos después y sin preámbulos, una enorme ballena se asomó a metros suyo, dejando a todos los pescadores boquiabiertos. Jonás, incrédulo, vio cómo primero sus ojos y luego su enorme boca eran descubiertos al asomar su cabeza sobre el nivel del agua. Amable y con una vos grave, el animal saludó y preguntó a los pescadores como los trataba el día. Todos devolvieron el saludo e hicieron diversos comentarios, excepto Jonás. Sumamente nervioso, con la boca seca, trató de hablar, decir algo simple, pero no podía. Sentía los enormes ojos del pez sobre él. Finalmente, se armó de valor y dijo:-Es un día hermoso, ninguna nube en el cielo, excelente para disfrutar de un día de playa. ¡Gracias por pasar a saludar, que tenga un buen día! La ballena saludó cortésmente y desapareció de su vista.
Con un extraño sentimiento, mezcla entre alegría y alivio, Jonás se sentó al borde del muelle a escuchar cómo el locutor de la radio de la ciudad les deseaba un muy feliz día a todos los pescadores artesanales¹ del país.
Martín Lemos
¹El día 22/04/07 fue decretado “Día del Pescador Artesanal” en Argentina, a raíz de la reunión entre asociaciones y grupos definidos de Pescadores Artesanales para formar una federación de pescadores a nivel Nacional.