Caen gotas transparentes. Caen gotas. Caen. Silencios. Brillos.
Un camino se desdobla, se bifurca, se camina lejos, crece, avanza y me posa sobre la huella errante.
Dicen que cuando recobré el pulso, miré el vacío. ¡Qué ilusos! ¡Tan ciegos, tan cerca!
Pude verlo nuevamente. Pude ver cómo, tras los ojos atónitos de los transeuntes, un dedo nacido del sol señaló la acera. Entonces dijo: “Esa mancha caliente sobre la acera, donde presurosos dirigen la mirada aquellos que no pueden verme, esa mancha roja, eres tú.”
Javier Sosa
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